Dal� Che

Sin andar uno anda, pero no mucho; quizá porque andar significa algo que todos saben hacer muy bien pero no pueden explicar.

Ayer es el hoy de nuevo, solo que que la imagen de ayer casi borrada no se reconoce en el hoy repetido, clonado hasta el cansancio. Y sin embargo nadie lo nota si ha dormido lo suficiente.

Brutal es así la burla que ilusiona, haciendo creer que hoy es un día más cuando en realidad es lo contrario. ¿Y lo que queda, qué?

Poca cosa me parece, no mucho en realidad; la memoria es cosa frágil, cuando hace falta flojea y cuando no, insiste como una sombra que no se despega.

¡Qué poco humor!, y es cierto, se nota. Pero a pesar del bajón de la TV y sus noticias baratas y hasta berretas, la música es una bendición. Y la memoria funciona maravillosamente con ella. Se diría que hacen una pareja formidable.

¡Silencio!

La memoria se ocupará de otras cosas mientras la música se toma su descanso. Porque tampoco es cuestión de sonar y sonar, como suena la conciencia en todo momento. En algún momento la música se duerme, y cuando la memoria está vacía de su presencia, la realidad se hace cargo de remodelar la casita donde vivimos.

No recuerdo tu casa porque nunca estuve allí. ¿Había música, o estaba lleno de cadáveres disfrutando del silencio?

Escribe un comentario